domingo, 16 de marzo de 2014

Mi ideal.

Ciertamente, no todos los hombres son malditos y no saben cómo valorar a una mujer. Hay escasez de esos a los que realmente le importan la otra persona, se entregan completamente y demuestran sus verdaderos sentimientos sin aprensión.

Reconsideraría la idea de conocer a otros hombres pero sólo tomándolos como amigos.

En las entrañas de su ser se podía sentir que ansiaba que llegara esa persona que le hiciera cambiar totalmente de opinión, que cambiara los días grises por otros de color y le hiciera ver el mundo desde otra perspectiva. 

Nunca digas "de esta agua no beberé" porque el camino es largo y te puede dar sed.
—Quiero saber con quién tengo el placer de empezar este laberinto que no tiene fuga ni vuelta atrás.—
Efectivamente. 

Había conocido a una persona que la estremeció sutilmente a penas puso un pie en su terreno. Hizo que deseara más aún el amor. Un amor que se extienda hasta llegar a los más apartados confines de su ser. Que su nombre baste para hacer palpitar a su fogoso corazón.


—Amarnos bajo la paz suprema e infinita que el ocaso de la noche destilará para nosotros. Quisiera vivir mi vida diurna entre libros y papeles y pasar las noches junto a su cuerpo. Quiero conocer los demonios que habitan en tu alma lúgubre, hacerme amiga de ellos, hablarles y convencerlos para que se confundan con los míos. Quiero ser tu musa, enredarme en tus letras, contemplar las estrellas, adueñarnos del universo. Amortajarnos en febriles caricias, capaces de alejar de la memoria todo recuerdo penoso. Quiero un amor de todos los instantes, aunque no sea un amor para la vida.—


Ése es mi ideal.


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