Ciertamente, no todos los hombres son malditos y no saben cómo valorar a
una mujer. Hay escasez de esos a los que realmente le importan la otra persona,
se entregan completamente y demuestran sus verdaderos sentimientos sin
aprensión.
Reconsideraría la idea de conocer a otros hombres pero sólo tomándolos
como amigos.
En las entrañas de su ser se podía sentir que ansiaba que llegara esa
persona que le hiciera cambiar totalmente de opinión, que cambiara los días
grises por otros de color y le hiciera ver el mundo desde otra
perspectiva.
Nunca digas "de esta agua no beberé" porque el camino es largo
y te puede dar sed.
—Quiero saber con quién tengo el placer de empezar este laberinto que no
tiene fuga ni vuelta atrás.—
Efectivamente.
Había conocido a una persona que la estremeció sutilmente a penas puso
un pie en su terreno. Hizo que deseara más aún el amor. Un amor que se extienda
hasta llegar a los más apartados confines de su ser. Que su nombre baste para
hacer palpitar a su fogoso corazón.
—Amarnos bajo la paz suprema e infinita que el ocaso de la noche
destilará para nosotros. Quisiera vivir mi vida diurna entre libros y papeles y
pasar las noches junto a su cuerpo. Quiero conocer los demonios que habitan en
tu alma lúgubre, hacerme amiga de ellos, hablarles y convencerlos para que se
confundan con los míos. Quiero ser tu musa, enredarme en tus letras, contemplar
las estrellas, adueñarnos del universo. Amortajarnos en febriles caricias,
capaces de alejar de la memoria todo recuerdo penoso. Quiero un amor de todos
los instantes, aunque no sea un amor para la vida.—
Ése es mi ideal.

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